Cuando el hobby ataca

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El 2013 fue de mucha introspección y cambios personales. Las ganas de hacer cosas nuevas crecieron en mí como una especie de reinvención y de paso como una vía para la tranquilidad, la distracción y el disfrute. Fue así como tener hobbies fue perfecto, sin duda la mejor terapia.

Al principio, me costó hacerme cargo de mis ganas de crear, creyéndome el cuento que yo misma me contaba de “no tener habilidades” o “ser poco creativa”. Sin embargo, el tiempo, gracias al universo, me mostró que no tenía que ver con que tan bueno sea uno para algo, si no de las ganas que se tenga para hacerlo.

Así fue como aprender a tejer a crochet, pintar los frascos de vidrio que guardo, dándole un sentido de paso a este especial Diógenes, caminar e ir sacando fotos de lo que me gusta con el enfoque de mi ojo inexperto, la lectura, cocinar e inventar distintas mezclas y recetas, seguir escribiendo, después de descubrir hace 3 años aprox. que me gustaba mucho, se convirtieron en grandes hobbies que me acompañan hasta ahora.

Opuestos a cualquier clase de presión, obligación o disgusto, su único y noble propósito es relajarnos y disfrutar del tiempo libre con grandes beneficios para la salud mental y salud en general. Nos mantiene entretenidos y atentos, fortalece el sistema inmune, aumenta las endorfinas y así nos sentimos a gusto disminuyendo el estrés, entre otros. En fin son tantas las maravillas que es imposible negarse a ellos cuando atacan. Solo es cosa de descubrirlos o que nos descubran y tener todo el tiempo posible para practicarlos.

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