Saber comer

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Si hay algo que se subestima al momento de cuidar el peso, son las cantidades y la frecuencia en que consumimos los alimentos. “Si yo como poquito”, “me como un pancito así de chico” para luego ver que ese “pancito” sobrepasa más del doble de lo que realmente equivale su porción y aún nos seguimos preguntando ¿por qué no bajamos de peso? No sabemos comer y nuestro sentido de la vista, el que más usamos, esta alterado ante tantos excesos asumidos como “normales” y que solo nos están llevando a enfermar por gordura y por falta de nutrientes esenciales.

Tampoco sabemos bien que elegir, en que horarios comer y qué cantidad, tampoco está la voluntad. Sabemos que alguna vez nos menciono una nutricionista o leímos algo por ahí sobre alimentación saludable pero lo olvidamos o peor aún, lo ignoramos. Solo se quiere bajar y rápido, sin informarnos mucho. A veces da la sensación que la solución se va de las manos ante la gran cantidad de dietas que aparecen, métodos curiosos para bajar de peso o estilos de vida y de alimentación en extremo rigurosos, que más bien nos desorientan y que no tienen nada que ver con nuestra cultura y gustos.

Sin embargo, tenemos un recurso bien a la mano y es la educación como una herramienta básica que podemos entregar en estos tiempos y la verdadera solución. Claro, para muchos la educación como tratamiento, no resulta tan atractivo ni sofisticado como seguir la dieta con nombre de médico. Esa dieta que nos quita los kilos en un mes y los devuelve al otro.

La educación o mejor dicho, reeducación, es y será siendo, con voluntad, lo más efectivo y perdurable en el tiempo, incluso de por vida. Una re educación consciente para re aprender a comer, que trate desde lo más esencial: porciones, horarios y frecuencia como también por cuales alimentos optar, número de comidas y calidad alimentaria. Con simpleza y practicidad, siendo explicita y directa, que logre cambiar con el tiempo y paciencia los hábitos inadecuados para así mantener un peso saludable, en armonía con las costumbres, gustos y entorno de cada persona.

En resumen, educándonos aprenderemos que podemos comer de todo (si es que no existe alguna enfermedad que excluya alimentos para su tratamiento) pero en las porciones, mezclas, horarios y en la frecuencia adecuada. De nada sirve llegar a un banquete de cumpleaños “estando a dieta” y sin poder comer o no saber que elegir, o eliminar “para siempre” el pan que es tan representativo de nuestra cultura. Si sirve, aprender a elegir que comer en los diversos escenarios que se presentan y la cantidad adecuada, partiendo por la base, por ejemplo, que la porción real de pan es medio y no uno entero.

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